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Home Ciclismo femenino ¿MASOQUISMO O LA FELICIDAD DEL SUFRIMIENTO?

¿MASOQUISMO O LA FELICIDAD DEL SUFRIMIENTO?

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Muchas veces me han preguntado si soy “masoca”, porque después de romperme un montón de huesos, músculos y tendones, he vuelto una y otra vez encima de la bicicleta. Yo les respondo que la “sarna con gusto no pica”, que la vida también está llena de baches que debemos ir superándolos si quieres vivir y disfrutar de ella.

Escrito por Eneritz Iturriaga para urgozo.com

Perdonarme, pero no me he presentado. Me llamo Eneritz y soy una “caserita Abadiñarra” a la que le encanta, le “chifla” y le apasiona la bicicleta. Que ha tenido la suerte (porque me lo he trabajado y buscado) de poder vivir de este deporte tan intenso, sacrificado, minusvalorado, agónico, pero a la vez, tan apasionado, adrenalitico y tan satisfactorio.

Desde pequeña me pusieron una bici, ya que me gustaba (y me sigue gustando) comer, solo que la balanza no me daba mucho margen y enseguida me pusieron a dieta y a hacer deporte. Y como en mi casa “solo hay bicicletas”,  a los 10 años empecé con mis primeras pedaladas. Muy duras, la verdad. Yo era la única chica entre casi 100 chicos y no les podía ni seguir a distancia. Pero el buen ambiente que se creaba en los entrenamientos y en las carreras me hizo engancharme, a pesar de que lo odiaba (si, si,  quien lo diría ahora, jijij). Era un martirio para mí subirme encima de la bici y avanzar hacia delante, y no te digo en las cuestas. Pero, poco a poco, aprendí que el “sufrimiento” de cada día me hacía ir más adelante para estar más cerca de los chicos.
Aprendí a sacar cosas positivas, al sufrimiento, a la agonía, al sacrificio…y todo encima de la bici. Tenía sensaciones nefastas físicamente, pero mentalmente me sentía genial, sonriente, feliz, “a mi aire” guiando la bici por donde quería y podía. Me daba la sensación, de volar, de vivir, de llegar a cada cima y sentirse orgullosa y realizada (aunque llegara a dos horas). Esa tenacidad, constancia y sufrimiento me hizo llegar donde estoy ahora, donde llevo diez años sufriendo y disfrutando de la bici, pero pudiendo vivir de ella.

A los 21 años tuve la oportunidad de irme a “la bella Italia”, dónde vi la cruda realidad. Vi que era una selva y la que se sobreponía a la convivencia, al trato entre las extranjeras, demostrando cada día ser superior a tus compañeras, a esa rivalidad, era la superviviente. Gracias al carácter y los “ovarios” que hay que tener pude ir para adelante estando durante 9 años allí. Hasta que he llegado a casa, de nuevo, por las lesiones y donde serán mis ultimas pedaladas, al lado de los míos.
El sufrimiento y sacrificio que durante tantos años, corriendo carreras como el  Tour, el Giro, Copa del mundo, campeonatos, olimpiadas, todas las cosas negativas que he tenido, con una buena carrera o con pocas victorias se han borrado de mi memoria.

La felicidad, y las sensaciones que te da el trabajo bien hecho durante tantos años, la constancia, la perseverancia, la tozudez necesaria para que un día puedas cruzar la meta con las manos levantas, esa sensación indescriptible que se da pocas veces, es lo que hace olvidarte de todos los malos momentos.
Por ello sigo dando pedales después de cinco operaciones y “curada” ya de mis males, en breve, me pondré un dorsal después de 8 meses sin competir. Estoy segura que seré la persona más feliz del mundo porque, otra vez, he podido superar otro bache, otra desgracia u otro castigo de dios. Pero la fortaleza interior, esa que tenemos toda persona, y que la sacamos cada día a relucir, es lo que te hace ver la vida y disfrutarla muy intensamente.

Estas sensaciones, casi inexplicables, son las que tenemos muchos que “rodamos” sobre el asfalto. Y cada vez que salimos, no vemos el peligro que tenemos ante el (cada vez más grande) tráfico de vehículos que padecemos en las carreteras. También entiendo que la “gente”, después de trabajar, estudiar o en su tiempo libre, dediquen un poco de tiempo a “nuestro vicio”, para poder encontrarse físicamente bien, para desahogarte de los problemas, o simplemente para disfrutar del ambiente de los amigos. Es en momentos de sufrimiento donde las personas “nos unimos” más, ya que la agonía y el esfuerzo te hacen recapacitar muchas cosas.

Este sufrimiento que se lleva desde pequeño o que cada día te ha ido enganchando, llega a un punto de que es una “rutina” o un “desahogo”.  Conozco a mucha gente que no lo entiende ya que piensan que es masoquismo o es demasiado duro. Y lo peor es que, a personas que vivimos y nos chifla la bicicleta tengan que ponernos entre la “espada  y la pared” gente que no practica este deporte, gente que no siente ese “bienestar general” pero que quieren “arrancarlo” de la vida de otros. Acción que sería como “quitar un respiro” y no pueden entender que “sin ella” no podemos vivir.
Yo pediría a esas “personas”, que intenten entendernos, que no nos quiten nuestros “sueños e ilusiones”, que “tiempo” hay para todo y también que hablando se entiende la gente. Pediría una reflexión a la gente que todavía no ha probado “el veneno” que tiene la bicicleta, para que lo prueben con un buen ambiente y grupo de amigos, estoy segura que volverán a subir uno y otro día más.

Por ello, animo a todas esas personas, que lo prueben e intenten entender “lo que sentimos” encima de la bici, para que ellos o ellas también tengan las mismas sensaciones y puedan disfrutar de nuestro deporte preferido.

Con todo mi cariño….
Eneritz Iturriaga