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EXCURSION A GAVARNIE 2011

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9 Julio 2011. Excursion a Col de Boucharo (Gavarnie)

Nos hallamos sin duda ante uno de esos puertos inolvidables que todo buen aficionado debe conocer. No tiene la fama de otros bien cercanos ni siquiera una dureza excesiva en sus rampas que le hayan otorgado un renombre singular en el mundillo cicloturista, pero va a dejar un recuerdo imborrable en cualquiera que se atreva con sus más de 30 kms. de longitud si iniciamos la subida en Luz St. Sauveur.

En los kilómetros en que transitaremos por la D-921 en dirección a la bella población de Gavarnie recorreremos y admiraremos el desfiladero que a lo largo de los siglos ha ido horadando la gave (río) que lleva su nombre.

A poco de salir de Luz, y tras un primer kilómetro de cierta exigencia, nos detendremos a contemplar extasiados el Puente de Napoleón y, si tenemos suerte, coincidiremos con algún aficionado al "puenting", que disfruta de la inmensa obra de ingeniería encargada por el emperador Napoleón III para dar aún mayor atractivo a esta localidad pirenaica en la que su esposa Eugenia de Montijo pasaba largas temporadas. En este tramo de carretera de abundante circulación tendremos como puntos de referencia más claros el puente en zig-zag en el núcleo de Sia, la presa de Pragnères y el bello pueblo de Gèdre donde, si no tenemos prisa, podremos entrar en los locales de la Oficina de Turismo y gozar con su preciosa maqueta en relieve de esta zona de los Pirineos. Unas curvas de herradura nos sitúan por encima de esa bonita localidad y continuaremos con calma nuestro pedaleo en dirección al enclave turístico de Gavarnie. El tráfico desaparece casi como por encanto a partir de ese punto y podremos ahora empezar a disfrutar de verdad de los encantos de un paisaje esplendoroso.

Una nueva sucesión de herraduras nos permite alcanzar la Grange de Holle con su bello refugio alpino, a partir del cual la carretera se estropea en cierta medida para hacerse aún más atractiva. Dejando a la derecha un barranco en el que se escucha el rumor de una cascada, iniciaremos a nuestra izquierda un tramo de gran dificultad, el más exigente de todo el puerto, para bordear un enorme peñasco que parece observar nuestro lento pedaleo desde su magnífico observatorio. Una nueva sucesión de herraduras nos va a dar paso a un nuevo panorama, totalmente diferente, como si de otro puerto se tratara. Esta zona tan dura apenas si tiene un momento de respiro al alcanzar la Estación de esquí de Les Especières, para de nuevo continuar machacando nuestras piernas que llevan ya casi dos horas de trabajo sin descanso. Nueva panorámica ante nuestra extasiada visión en la que las praderas empiezan a verse ocupadas por rebaños de ovejas que son las auténticas señoras del entorno.

Pasamos bajo unos telesillas que coronan el Pic de Tentes que parece colgado del cielo. Y continuamos superando una herradura tras otra hasta entrar en el recinto mágico del Parque Natural de los Pirineos, aunque bien cabría preguntarse en dónde nos encontrábamos hasta ahora. Tres curvas finales dan acceso al parking del Col de Tentes donde los vehículos motorizados ven entorpecido su paso por unas rocas que cierran la carretera de rectilíneo trazado hasta el Col que ya divisamos allí al fondo del circo. La ventaja de nuestro diminuto velocípedo es que podemos pasar sin dificultad entre ellas, aunque quien las puso allí parecía empeñado en impedir también nuestro paso.

El tener que echar alguna vez pie a tierra para sortear tanto obstáculo pétreo no es ningún desdoro a estas alturas de la escalada y casi nos viene mejor para gozar de un panorama sin par y compartir impresiones con los montañeros que caminan a nuestro lado hasta alcanzar la cima del puerto en el que se hallaría la línea fronteriza con España. Pero qué son las fronteras sino líneas artificiales que no traen más que problemas a los pueblos: aquí podemos comprobar cómo la Naturaleza es un bien al alcance de todos, sin distinción de nacionalidades. La pena es que no podamos descender por la vertiente hispana ya que, a pesar del acuerdo entre ambos países, nuestras autoridades no han querido gastar un dinero que es de todos para trazar una ruta asfaltada que permitiera unir dos de los valles más hermosos del Pirineo: el de Gavarnie y el de Ordesa. Aunque siempre podremos abandonar nuestra montura y continuar a pie hasta la cima del Taillon o del Marboré, los picos más altos del entorno circundante. Y así como Roldán tajó con su espada una Brecha en la pared montañosa que nos contempla, nosotros también hemos logrado dejar nuestra impronta en uno de los más bellos enclaves pirenaicos.